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Con toda seguridad se trata de la obra de carácter religioso más importante e impresionante levantada en Úbeda durante el siglo XVI. Para comprender rápidamente su excepcionalidad, pensemos tan solo que más que una Iglesia, se trata de un panteón para un personaje particular.

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Los grandes señores de la España del siglo XVI, dotaban sus capillas funerarias incluyéndolas dentro de las Iglesias o Catedrales. No en vano, en Úbeda podemos encontrar capillas con un elevadísimo sentido artístico. Así por ejemplo podemos visitar las cercana Iglesia de San Pablo, San Nicolás y, por supuesto, la Ex-Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, donde un buen plantel de esta tipología arquitectónica se muestra para goce del visitante. Pero como ya hemos apuntado, no solo en Úbeda encontramos construcciones de este tipo. Toda la geografía española está repleta de ellas.
La Sacra Capilla de El Salvador, fue fundada por un ubetense excepcional, Don Francisco de los Cobos. Su puesto de Secretario al servicio del César Carlos V, le harán disfrutar a lo largo de su vida de una de las economías más importantes de la España de su tiempo, gracias a lo cual, puede entenderse que mandase erigir esta singular obra para su enterramiento en la ciudad que lo vio nacer.
Las obras se realizaron en dos fases fundamentales: la primera entre 1536 y 1539; y la sengunda entre 1540 y 1559, fecha de la consagración de la misma. En la primera fase será el genial maestro burgalés Diego de Siloe, el encargado de realizar el proyecto y diseño del edificio. Puesto que Siloe, en esos años, se encontraba a cargo de las obras de la Catedral de Granada, dejó a cargo de las mismas a un joven maestro que comenzaría con esta obra a forjar su leyenda como artista, Andrés de Vandelvira. Junto al joven maestro alcaraceño, trabajará el ubetense Alonso Ruiz quien, debido a su escasa formación, seguramente se ocuparía más bien de los aspectos meramente técnicos.
Durante la segunda fase, ya tan solo se ocupan de las obras tan solo Vandelvira y Ruiz, siendo el primero quien plantee la sacristía y una portada, posiblemente la del lado sur, apareciendo como el artífice de la monumental escultura que complementa a la arquitectura el maestro francés Esteban Jamete. Será este escultor quien realice lo más sobresaliente de la escultura que se adosa a los paramentos del edificio.
La obra que se realiza, sorprende a quien se acerca a contemplarla. Es un templo-panteón de una sola nave con capillas para sarcófagos en los laterales, cuerpo basilical cubierto por bóvedas baídas decoradas con nervaduras y cabecera o altar mayor de planta circular cubierta por una sobresaliente cúpula. El retablo, realizado por Alonso de Berruguete y del de solo se conserva como original la figura del Cristo, presenta la escena de la Transfiguración y recuerda que este templo se encuentra bajo la advocación de El Salvador del Mundo. El espacio de la nave queda separado de la cabecera circular por una sobresaliente reja, realizada por Francisco Villalpando y Francisco Martínez en 1555. La sacristía, obra de Andrés de Vandelvira como hemos dicho, a la que se accede por un singular arco esquinado, maravilla al espectador por la impresionante decoración escultórica basada en la figura humana, así como por sus no menos excepcionales bóvedas baídas que cubren el espacio.
En el exterior, destaca la decoración de sus portadas realizadas con base a elementos netamente renacentistas como son puttis, grutescos, guirnaldas, trofeos..., mezclándose con escenas de carácter cristiano. Esta decoración viene a conformar complejos y diferentes mensajes relacionados con los temas de la vida, muerte y salvación. No en vano, este templo a la soberbia, está dedicado, como denuncia el gran relieve de su portada principal y el retablo del altar mayor, al Salvador del Mundo.
 
Francisco Javier Ruiz Ramos.
Historiador del Arte.
 
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